Emociones positivas y resiliencia

Emociones positivas y resiliencia

Mucho se habla de la resiliencia y cuán poderosa es en la vida de cualquier persona que la logre

¿Por qué se considera a una persona resiliente como alguien con un “algo más” para enfrentar la vida? ¿Por qué será que recién en estas últimas décadas el término ha tomado un protagonismo especial?

¿Qué es la resiliencia?

Empecemos por definir qué es la resiliencia. Cito una definición de Grotberg (1995): “es la capacidad humana para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado”.

Matt Driver, amigo y coach ejecutivo escocés, ha supervisado a otros coaches durante 12 años y en su libro “Coaching Positively” identifica algunas situaciones específicas del mundo del trabajo donde la resiliencia puede jugar un papel fundamental:

  • Gerentes de mediana edad, sin edad de jubilarse, quienes quedan afuera en una restructuración;
  • Profesionales calificados que en épocas de recortes y crisis no consiguen empleo;
  • Personas que sufren agresiones de cualquier tipo por parte de jefes, compañeros o clientes;
  • Personas que quedan excluidas de privilegios, grupos u otros beneficios de los que gozaban.

Imaginen además todas las otras situaciones del ámbito personal que todos vivimos. La lista sería interminable.

Emociones positivas y resiliencia

Siguiendo con el libro de Matt, él argumenta que tanto las emociones positivas como las negativas están crucialmente conectadas con la habilidad de una persona para manejar momentos difíciles. Es decir, que potencian o no la posibilidad de que esa persona pueda ser resiliente. No obstante, las emociones positivas y negativas no tienen el mismo impacto en una persona.

Fredrickson condujo una investigación (2010) donde muestra que una persona necesita experimentar más emociones positivas que negativas para que el “balance sea cero”. Es decir, las experiencias negativas impactarían más profundamente en una persona que las positivas. Según su estudio, para equilibrar la balanza se necesita una relación de 3 a 1. Y si esa relación es de 4-5 a 1, los beneficios son enormes.

Características visibles

Hay algunas características que pueden verse en una persona resiliente:

  • Es socialmente competente
  • Tiene pensamiento crítico
  • Capacidad de resolver problemas y tomar la iniciativa
  • Es firme en sus propósitos
  • Posee motivación
  • Tiene gran sentido de la amistad y del humor
  • Sabe poner límites

Si repasan con calma esta lista, verán que todos tenemos la posibilidad de desarrollar estas cosas. Quizás nos falta alguna, pero es cuestión de empezar a trabajarla.

¿Cómo desarrollarla?

Veamos algunas estrategias para desarrollarlas:

  • Enriquecer las relaciones con otros: ser abierto, conocer las cosas que los demás piensan (sobre todo de aquellos que piensan diferente), establecer vínculos afectivos sólidos.
  • Ser solidario: estar disponible cuando alguien necesite nuestra ayuda, sea esta física o sólo de acompañar. Tener presente que siempre puede haber alguien que sufre más que uno y que todos, pero absolutamente todos, podemos ayudar cuando nos lo proponemos.
  • Tener un objetivo desafiante: es importante ponerse objetivos que nos lleven a superarnos. Que sean realistas, pero que nos impliquen un verdadero desafío.
  • Autoconocimiento: cultivar momentos personales de meditación y reflexión. Un momento para parar la pelota y conectar con nuestro mundo interno, no sólo desde el lugar del pensamiento.
  • Aceptar el cambio: la vida evoluciona. Si no avanzamos con ella, quedamos fuera. Todo cambia.

Resiliencia y empresa familiar

¿Pueden existir organizaciones resilientes? Si volvemos por un momento a la definición del inicio veremos que sí. Lo óptimo sería que en una empresa existan políticas organizacionales que explícitamente ayuden a su desarrollo. ¿Cómo? Promoviendo espacios para profundizar relaciones entre los empleados; llevar adelante proyectos solidarios; compartir la visión entre todos; incentivando el autoconocimiento personal y que la búsqueda de la innovación sea algo en lo que todos participen.

No son recetas mágicas, pero sin dudas ayudarán a que cada una de las personas que participan de la empresa desarrollen más su resiliencia y, por ende, también la organización.

Pablo Loyola
Consultor de Empresa Familiar Certificado (CEFC®)
Director Sede Regional Córdoba IADEF
@novarumcba

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